Portovelo, Ecuador · El mundo · El ser que siempre estuvo ahí
Esta es la historia de una vida que corrió en dos planos al mismo tiempo — y de cómo esos dos planos finalmente se encontraron.
Nací en 1980 en Portovelo, Ecuador — un pueblo minero rodeado de ríos y montañas. Desde niña supe que había más de lo que el ojo puede ver. No tenía palabras para eso todavía. Solo tenía la experiencia.
Crecí, estudié, construí una carrera internacional. Lideré equipos en 22 países. Tomé decisiones que movían mercados. Por fuera, era ejecutiva. Por dentro, siempre usé herramientas que nadie a mi alrededor sabía que existían.
Tener una vida espiritual no te aleja de hacer lo que todos hacen. Lo que hace es ayudarte a crecer más y manifestar la vida que tu alma vino a vivir. Eso es lo que viví. Eso es lo que enseño.
Dos vidas en una — y las dos son completamente reales.
Lo que los humanos llaman experiencias astrales, yo las tuve desde niña. No sabía ese nombre. Solo sabía que salía, y que afuera había un mundo lleno de seres increíbles — la naturaleza viva, mágica, habitada.
Jugaba con esos seres. Era protegida por ellos. Y en ese espacio conocí al ser que estaba en todo. Ese ser me enseñaba quién era yo, y quién era él. No había diferencia entre ese ser y yo.
Al vivir esas experiencias desde tan temprano, una cosa se vuelve completamente clara: la muerte no existe. Es solo un cambio a otra frecuencia. Somos eternos.
Con el tiempo aprendí que el cuerpo astral no es un destino — es un vehículo interdimensional. Puede moverse entre dimensiones hasta la quinta. Más allá de ahí, otro cuerpo se activa. Todo eso lo aprendí más tarde. De niña, solo sabía que era real.
En las montañas de Ecuador vivía un sacerdote gnóstico. Mi esposo y yo — junto a otros amigos — compartimos con él muchas prácticas y enseñanzas. En ese sector operaban visitantes del espacio en sus naves. Era un lugar de contacto genuino.
Un día, durante una regresión, recordé una vida en un planeta llamado Malek. Al principio me resistía: en español, el nombre sonaba a "mal." Pero lo que emergió fue algo muy diferente.
Yo era guardiana del conocimiento en ese planeta. El planeta fue destruido en su totalidad — muchas vidas se perdieron. Debía salir para conservar ese conocimiento, pero mi integridad me decía: este conocimiento podría llevar al mismo destino que destruyó al planeta. Había mucho dolor en ese recuerdo.
Lo que no sabía entonces es que mi traje espacial de esa vida había quedado impreso en mi cuerpo energético. Quien me veía en el plano etérico, podía ver el casco. Ese casco bloqueaba mi desarrollo en esta vida — me daba una energía masculina extra, y yo tenía un apego enorme a él sin entender por qué.
Al día siguiente en el desayuno, el sacerdote llegó con un libro. Me dijo: "Esta escritora relata la misma historia de tu regresión. Ella estuvo en ese mismo planeta. Y está viva."
Mi amiga, que viajaba conmigo, lo confirmó: "Sí la he leído. Está muy avanzada — tiene todos sus sentidos desarrollados."
Ese libro era de Amorah Quan Yin. Así entré al conocimiento del FSP.
Fushimi Inari · Kioto, Japón
La historia de esa sincronía es asombrosa. Al recordarla, me siento tan agradecida que no tengo palabras. Esa es la historia completa del libro.
Solo diré esto: siempre hay que confiar en el alma. Ahí reside Dios.
California fue donde recibí la formación completa del Dolphin Star Temple. Donde me certifiqué como Ministra. Donde todo lo que había sabido de niña, todo lo que había practicado en las montañas de Ecuador, todo lo que había usado en silencio durante veinte años de carrera corporativa — finalmente tuvo un sistema, un nombre, y un propósito claro.
Mount Shasta, California · Dolphin Star Temple
Durante años lideré regiones, tomé decisiones de C-level, y al mismo tiempo mantenía mis prácticas energéticas. Nadie lo sabía. No hacía falta que lo supieran.
Las herramientas que enseño no son para retirarse del mundo. Son para estar en el mundo con más claridad, más presencia, más capacidad de manifestar lo que el alma vino a crear.
Lo que te aleja de vivir no es la espiritualidad — es la desconexión. De tu cuerpo, de tus emociones, de tu alma. FSP, las sesiones, el journal — todo apunta a lo mismo: reconectar con quien realmente eres.
Desde ese lugar, la vida no se ve igual. Las decisiones no se toman igual. Lo que construyes no se construye igual.
Hay una entrada para cada momento del camino. No tienes que estar lista para todo — solo para el siguiente paso.
El primer paso puede ser una sesión, el journal, o simplemente escribirme.